lunes, 3 de noviembre de 2008

BARI (y 7)

Como final de viaje habíamos dejado la que es capital de la región de Puglia, segunda ciudad del sur de Italia tras Nápoles y dotada también de un carácter inconfundible y que no pasa inadvertido al viajero. Pero antes de llegar aún queríamos hacer la última parada, a tan sólo unos kilómetros de esta ciudad, en la localidad de Bitonto, casi pegada al aeropuerto al que habíamos llegado hacía ya más de una semana. A pesar de que el objeto de nuestra visita era la catedral normanda, que habíamos leído que era el paradigma de las catedrales románicas de Puglia, la verdad que el paseo por las calles del pueblo, tranquilas y limpias, nos pareció muy agradable y sinceramente pensamos que quizá merecía una visita más prologada que la que hicimos. Sólo la catedral nos ocupó una buena hora de nuestra última tarde. Y es que no en vano estaba reseñada en las guías como exponente del apogeo de este románico único y espectacular, fruto de las influencias del diverso origen de las poblaciones locales y del rico intercambio cultural que floreció en Puglia generado por las Cruzadas.

Nos costó un poco encontrarla ya que, como siempre, no había muchas indicaciones y tampoco vimos ni oficina de turismo ni casi nadie por la calle. Al final preguntamos y sí que terminamos en la preciosa plaza a la que da el lateral occidental del templo. Lo primero que llama la atención es la grandiosidad de su longitud y su bella unidad de estilo, debida a que se construyó en tan sólo 25 años (1175-1200). Desde la plaza uno no puede dejar de remarcar la espectacular galería superior, muy esbelta y sostenida por unos impresionantes capiteles de formas animales y vegetales, de influencias sirias, como también las hay en la portada, que no es menos espectacular con su exuberante decoración. Quizá su perspectiva queda reducida porque el espacio que queda entre ésta y el palacio que está justo enfrente es un poco estrecho.





Cruzando al otro lado de la catedral se entra por una especie de puerta a un patio interior al que da el lado oriental y desde el que se accede. Estaba abierta y justo había unos turistas alemanes que la visitaban, ayudados por el sacristán, un hombre muy simpático y que chapurreó con nosotros español de puras ganas que tenía. El hombre sabía bastante y nos condujo en primer lugar a la cripta , que era en realidad la basílica paleocristiana de los siglos V-VI, en la que un bosque de columnas coronado por bellísimos capiteles representando leyendas, animales fantásticos y seres mitológicos nos sobrecoge ya que quedan prácticamente a la altura de la mirada. También hay un par de frescos de influencia bizantina que me gustaron especialmente.


Desde ahí se accede a una de las mayores singularidades de esta catedral en la que en el año 1991, a raíz de unos trabajos de restitución del antiguo pavimento de la nave, se encontraron elementos del pavimento antiguo de un tal valor que se decidió comenzar un maravilloso y larguísimo trabajo de restauración a lo largo del cual se han hecho una serie de hallazgos asombrosos de restos de frescos y del pavimento tanto de la primitiva iglesia paleocristiana como de la posterior altomevieval. Los restos han quedado visitables en un área subterránea que cuenta con explicaciones detalladas y donde nos detuvimos a admirar sobrecogidos los diferentes niveles arqueológicos del que la estrella es un inmenso grifo del mosaico de estilo normando que debió decorar el pavimento inicial de la catedral, parecidos a los que hay aún conservados en parte en Trani u Otranto. El mosaico, en perfecto estado de conservación, también se puede ver desde la nave de la catedral, casi en la puerta, ya que se ha hecho un agujero en el suelo y se ha acristalado para poder observarlo. Fue muy especial verlo solos, con esta pareja de jubilados alemanes que mostraba casi tanto estupor como nosotros con lo que estaban viendo.



La catedral en sí es también bellísima, aérea y luminosa como lo son en Puglia, y en la que destaca la decoración orientalizante y el bellísimo ambón con el relieve que muestra al emperador Federico II despidiéndose de su familia antes de partir a las cruzadas.


La visita es muy recomendable, te deja en un estado de placer inexplicable. Tanto que no pudimos evitar pedirle al sacristán si tenía algún librito o algún souvenir y nos llevó a la pequeña librería con la que cuentan donde compramos un par de libros sobre la catedral y los trabajos arqueológicos y alguna que otra postal. Allí seguimos charlando un poquito con él, aunque fue sobre todo él quien nos hizo a nosotros más preguntas, de cosas relacionadas con España y el arte románico sobre todo. Fue una visita muy especial.

Tras este capítulo, la llegada a Bari supuso un contraste bastante fuerte. Para empezar, nuestro hotel (no sé por qué, pero nos costó mucho encontrar uno que no fuese desorbitante de precio o que no estuviese en las afueras) al final era un horrible hotel antiguo y no demasiado limpio, justo al lado de la deprimida zona de los alrededores de la estación. La primera impresión no fue buena ya que Bari es una ciudad muy caótica y no nos entendíamos bien con el frenesí de tráfico, peatones, gente incumpliendo las normas, ruido, desorden, suciedad... Pero al fin aparcamos y dejamos las maletas en el hotel, en el que no estuvimos más de 15 minutos pues era un poco deprimente. Era primera hora de la tarde y nuestra idea era aprovechar para visitar el mayor número de cosas posibles. No teníamos ya muchas fuerzas ni mucha capacidad de asimilación, pero entusiasmo no nos faltaba.

Una vez atravesada la estación, cruzamos todo el ensanche del siglo XIX ideado por Murat, que en realidad es como si fuera otra ciudad. La ciudad antigua queda como en un cabo que se adentra en el mar, al final del ensanche, cerrada por sus murallas que no se conservan enteras, pero cuya línea aún queda visible por el dramático contraste que supone el cambio del casco antiguo de trazado medieval al ensanche Murattiano, de manzanas perfectamente cuadradas y edificios decimonónicos o modernos (según el caso, ya que las políticas urbanísticas en el sur de Italia creo que no han sido tan rigurosas como en el norte).

El borgo murattiano es muy agradable, comercial, lleno de vida a pesar del calor, con restaurantes, heladerías y mucha gente de paseo (si en Italia el paseo es una institución, en Bari lo es con muchísima más fuerza, la gente parece que ha nacido para pasearse). El ambientillo es más que agradable, y cuando se pasa a la ciudad antigua, no cesa, aunque sí que cambia mucho de tono. El casco antiguo de Bari es estrecho, laberíntico, pintoresco como pocos hemos visto, lleno de sabor, de altares kitsch y de colores por todas partes. Pero aquí más que pasearse los locales se deleitan, es un ambiente muy de barrio, muy de personas que se conocen y que se paran a hablar a gritos por la calle, una procesión por aquí, un grupo de personas sentadas en sillas por acá, la tendera que se oye charlando con las clientas más allá... Adorable, la verdad. Especialmente para quien guste de estas estampas que casi no se encuentran ya en Europa, y eso que el dialecto barese no tiene esa alegría del italiano y casi resulta algo rudo. Aún así, el paseo por las calles del centro resulta especial. Bari tiene una reputación de ciudad peligrosa y llena de delincuencia, pero parece que las cosas han cambiado. También lo destacaba la guía, pero en el caso de Bari, parece que con más fortuna que en el de Taranto. Nosotros no tuvimos sensación de peligro ni de sentirnos inseguros o a disgusto. De hecho, y salvo las obligadas visitas a San Nicola de Bari y a la Catedral, nos dedicamos (cansadísimos como estábamos ya) a pasear y a dejarnos llevar por esta ciudad asombrosa y llena de vida.


Bari es una ciudad con un pasado variopinto y multicultural. Una ciudad que siempre ha tenido mucho tráfico de personas y de mercancías y unas influencias culturales que abarcan a los muchos pueblos que la han poseído y que le han dejado su huella. Partiendo de los Ostrogodos, que fueron los primeros en conquistarla tras la caída del Imperio Romano, fue más tarde disputada y conseguida por Lombardos y después los Bizantinos. Posteriormente tomada por los Sarracenos durante parte de los siglos VIII y IX para después ser reconquistada por los Bizantinos de nuevo, que la convirtieron en su principal centro en Occidente. En la edad media conoció también grandes revueltas y finalmente en el 1071 pasó a formar parte de las posesiones de los Normandos que darían lugar al reino de las Dos Sicilias. Además, siempre ha sido una puerta tradicional hacia oriente, sobre todo desde la Edad Media en que se convirtió en puerto principal de salida de las cruzadas y hasta hoy en día en el que es uno de los principales puertos de acogida de la inmigración de los pueblos del Este de Europa. Ello la hace única, llena de sabor y con una intensísima cultura artística y humana, que se respira en cada esquina de la ciudad vieja, en cada gesto, en cada voz, en cada mirada. Yo, como adicto al comportamiento humano que soy, disfruté muchísimo viendo la vida en estado puro por las calles de Bari.


Pero volviendo a los monumentos que visitamos, la Catedral es muy grande y bonita, como el resto de catedrales que habíamos ya visto. Quizá a estas alturas la encontramos menos especial, puesto que estaba llena de gente y es excesivamente grande. Por otro lado, su fachada fue sustituida por una barroca, afortunadamente bastante discreta. Pero si se detiene uno a verla en sus detalles más pequeños, comprueba la altísima calidad de algunas de sus decoraciones, como la de una de las ventanas exteriores, el cimborio, la silla episcopal o el ambón reconstruido a partir del original del s XIII. Muy especiales también las plazas que la rodean, todas muy recoletas y llenas de vida. El campanile, estrecho y blanquísimo, se recorta sobre los tejados y a veces hasta parece más un minarete que un campanario.



San Nicola de Bari, más antiguo, fue comenzada en el año 1089 a raíz del robo por parte de marinos bareses de los supuestos restos del santo en la ciudad de Myra (quizá intentando emular a los venecianos con las reliquias de San Marcos). Es un templo que sirvió más o menos de modelo para todas las catedrales de la zona, generando este especial estilo románico de Puglia. Ello es reconocible desde que se entra en el templo, el más abarrotado de todos por el hecho de ser un importantísimo centro de peregrinación en Italia (me recordaba un poco al ambiente rancio y peregrino de San Antonio de Padua). Sin embargo, en su interior conserva aún muchos elementos posteriores barrocos, sobre todo el techo dorado del XVII, y ello la hizo quizá a mis ojos, menos pura que las demás que habíamos visto. Pero también hay que tener en cuenta que la mayoría de estas catedrales han sido despojadas de estos elementos barrocos y posteriores en un criterio de restauración que estoy seguro que muchos restauradores podrían no estar de acuerdo ya que nos han dejado los templos en un estado de pureza y unidad artística que seguramente sólo tuvieron en un momento muy inicial posterior a su construcción. En fin, la basílica está llena igualmente de elementos destacables, como el ciborio, la cátedra del abad que hizo construir la basílica, el monumento de bona sforza (posterior, del s XVI) y los trípticos y frescos del ábside, de los siglos XIV y XV. Es todo un museo, sin olvidar la impresionante cripta donde reposa el Santo, de columnas y capiteles de animales fantásticos. En ella nos encontramos con una misa que seguían con devoción muchísimos fieles. Al final, es innegable que en Italia sigue habiendo muchos católicos practicantes y devotos.


En fin, empachados de románico dejamos que nuestras impresiones se hicieran lugar tranquilamente en nuestra cabeza sentados en las escalinatas de la basílica saboreándolo con mucha fuerza, pues sabíamos que eran ya nuestros últimos grandes monumentos del viaje. Proseguimos recorriendo todo el paseo marítimo del emperador augusto (en el lado sur del casco histórico), anonadados con los hábitos locales, profundamente mediterráneos y dignos de una película de Fellini. Los locales acuden con sus coches a la hora de la puesta de sol hasta este lungomare, aparcan sus coches en doble y triple fila, y sacan de sus maleteros sus sillas de camping para colocarlas en medio del paseo marítimo y tener la tertulia familiar de la tarde con unas inmejorables vistas. La escena era inenarrable, como os podéis imaginar (no sé ni cómo oso describirla, ja ja ja). Terminamos el paseo en el centro neurálgico de la ciudad, La Piazza Ferrarese, una de las plazas con más sabor y más vida que hemos visto, un poco al estilo del Campo de Fiori de Roma, situada en el limite de la ciudad vieja, es el punto de encuentro y de paseo vespertino de la población local. Toda una delicia, donde nos tomamos un aperitivo local, charlamos con su inventor, el simpático dueño de uno de los cafés que nos contó muchas cosas y hasta nos terminó invitando a un delicioso limoncello hecho por él. La cena también fue muy agradable, en la misma zona, abarrotada de terrazas y gente disfrutando de helados, cenas, cafés, etc.

Cansados ya, dedicamos la última mañana a seguir paseando por las calles del centro de Bari, no sin antes hacer una pausa en la estupenda sede de la editorial Laterza, que está en esta ciudad y que cuenta con una impresionante y moderna librería donde era fácil perderse un buen rato curioseando en sus innumerables rincones. Cayeron algunos ejemplares, por supuesto.

No visitamos nada más, sólo nos dejamos llevar por lo que nos iba llamando la atención, paseamos un poco más por la parte norte del centro, vimos desde fuera el castillo de los aragoneses, nos tomamos varios cafés, alguna granita y terminamos comiendo algo en uno de los restaurantes del ensanche.


En fin, y aquí nos despedimos ya de Puglia. Un viaje que quizá en un primer momento, aunque nos gustó mucho, no nos sorprendió tanto debido probablemente a sus semejanzas con el sur de España (aunque repito, en muchas otras cosas no tiene nada que ver) pero que ahora con el tiempo ha ido (de alguna forma) cristalizando en la memoria y haciéndose un hueco cada vez más grande entre los viajes más bonitos que he hecho nunca. Haberlo estado recordando en estas semanas que hemos pasado del tímido inicio del otoño, aún cálido, a la llegada del frío casi invernal ha sido para mí un ejercicio lleno de luz y de verano, ha sido como vivirlo por segunda vez. Espero haber podido hacéroslo llegar un poco, o al menos la curiosidad de que os acerquéis algún día vosotros también a esta interesante región de Italia, menos conocida que otras, pero llena de personalidad y lugares singulares.

7 comentarios:

NaT dijo...

Tú esto lo haces para darnos envidia, ehhhhhhh.
Y mucha, me das mucha cada vez que leo donde has viajado, jooooooooooo.

Besos viajeros, desde al curro a tu casa por la N-II

Anónimo dijo...

el arte paleocristiano, con todo lo hierático que es, me emociona muchísimo.

M.Eugenia dijo...

Me ha encantado la crónica del viaje, y como bien dices una zona desconocida de Italia.
Muy buenas fotos, los azules de los cielos y del mar, el blanco de las casas y las iglesias impresionantes.
Saludos

Arquitecturibe dijo...

el otro vaso es para mi?
espero que si..
que envidia...de la peor! jejejejeje genial poder hablar con tanta propiedad y sobre todo con tanto deleite de lugares que otros solo veran en national geographic
besos...besotes

senses and nonsenses dijo...

...qué poco me acuerdo de este blog tuyo, y lo poco que nos lo recuerdas. prometo estar más atento, que me gusta cómo explicas las cosas.

un abrazo.

Arquitecturibe dijo...


Hay algo en las calles estrechas que me encanta... no sé, me da una sensación de intimidad con el entorno y siento que todo visitante recordará con nostalgia las risas dejadas en estas calles.
Casi nunca vengo por este espacio tuyo... fisgonearé un poco
Saluditos desde mi lejana galaxia

Gus Planet dijo...

Como es que me he perdido tú blog de viajes !!!?
Querido David/Vulcano, no deja de sorprenderme y agradarme la forma en cómo relatas tus sensaciones y experiencas ... un chico muy sensible! ;-)
Las fotos magníficas!
Seguiré viendo qué encuentro por aquí ...

Gus, Paris, Francia